“¿Cuánto tengo que pagar?”
Si llevas una empresa, probablemente hayas pronunciado esa frase alguna vez durante el mes de julio. Y es lógico. Nadie abre el ordenador ilusionado por presentar el Impuesto de Sociedades.
Revisar antes de presentar el Impuesto sobre Sociedades es una de las decisiones más importantes antes de cerrar el ejercicio fiscal. Aunque muchas empresas creen que todo consiste en presentar el Modelo 200, la realidad es que una revisión previa puede evitar errores y detectar oportunidades fiscales.
Sin embargo, hay algo que nos sigue sorprendiendo año tras año. Muchos empresarios piensan que el impuesto empieza cuando Hacienda abre el plazo para presentar el Modelo 200, como si todo el trabajo consistiera en rellenar un formulario y pulsar un botón.
La realidad es bastante diferente. El Impuesto de Sociedades no empieza en julio. Empieza el primer día del ejercicio, cuando compras una máquina para tu negocio, cuando contratas a una persona, cuando haces una inversión o cuando decides dejar una decisión “para más adelante”. Todas esas pequeñas decisiones terminan llegando al mismo sitio: el cierre del ejercicio.
Y ahí ya no siempre hay margen para rectificar.
Hace un tiempo vino a vernos un empresario que llevaba varios años trabajando con otra asesoría. Nos contó que todos los años recibía una llamada, le enviaban el impuesto para firmar y le decían cuánto tenía que pagar. Él firmaba porque entendía que era lo normal.
Nunca nadie le había explicado por qué pagaba esa cantidad. Nunca había visto un cierre contable ni había revisado si existían incentivos fiscales que pudiera aplicar. Ese año ya era tarde para cambiar el resultado, pero sí había tiempo para cambiar la forma de trabajar. Y esa diferencia se notó en el ejercicio siguiente.
Presentar el Modelo 200 es una obligación. Revisar el cierre de la empresa es una oportunidad. La oportunidad de detectar errores, comprobar que todo está correctamente contabilizado y analizar si la empresa puede aprovechar los incentivos fiscales que la normativa pone a su alcance.
Antes de calcular un impuesto necesitamos comprobar que las cuentas reflejan la realidad del negocio. Revisamos ingresos, gastos y el resultado contable porque una pequeña incorrección puede terminar teniendo consecuencias importantes.
Una inversión no siempre se deduce de golpe. Analizamos que las amortizaciones estén correctamente aplicadas y estudiamos si puede resultar interesante la libertad de amortización cuando la normativa lo permite.
Cuando existen operaciones entre socios, administradores o empresas vinculadas, conviene revisarlas con detenimiento para evitar problemas futuros.
No todo gasto contable tiene el mismo tratamiento fiscal. Por eso analizamos aquellos ajustes que pueden modificar el resultado final del impuesto.
No existen fórmulas mágicas ni todas las empresas pueden aplicar las mismas ventajas fiscales. Precisamente por eso revisamos si procede aplicar reserva de capitalización, libertad de amortización, deducciones por donativos, incentivos relacionados con el incremento de plantilla o la compensación de bases imponibles negativas, entre otros.
Es una de las frases que más satisfacción nos produce escuchar. Porque un empresario no debería limitarse a firmar un impuesto. Debería entender por qué paga esa cantidad y qué decisiones han influido en ese resultado. Cuando entiendes tu empresa, también tomas mejores decisiones.
El verdadero valor de una asesoría no aparece el día que presenta un impuesto. Aparece cuando avisa con tiempo, cuando revisa antes de enviar, cuando detecta oportunidades y cuando explica las cosas con claridad. Ese acompañamiento es el que aporta tranquilidad durante todo el año.
¿Sabes realmente por qué vas a pagar esa cantidad en el Impuesto de Sociedades? Si la respuesta es sí, vas por buen camino. Si la respuesta es simplemente “me han dicho que firme”, quizá sea el momento de revisar el cierre de tu empresa con otra perspectiva.
Si este mes tienes que presentar el Impuesto de Sociedades y quieres revisar el cierre contable y fiscal de tu empresa antes de presentar el Modelo 200, estaremos encantadas de ayudarte. Porque presentar un impuesto puede hacerlo cualquiera. Ayudarte a comprenderlo y planificar el siguiente ejercicio es donde creemos que empieza el verdadero valor de una asesoría.